Otra vez en la madrugada. La ciudad vacía de verano y después de mis tres meses muerto. Debía regresar a algún lugar, generalmente prefiero la caminata pero en ese momento bajaba una lluvia continua. Espero en la esquina, utilizo el poder absoluto del movimiento del brazo y logro parar esa mole que viene a mas de cuarenta kilómetros por hora. Subo con mis monedas en la mano quiero dárselas al chofer pero el se niega y me señala una maquina sin cabeza. En una pequeña pantalla leo, “indique su destino”. Quede atontado, Que debía responderle?, antes solo se necesitaban monedas. Segui atontado y sin saber que responder... No sé que tiempo paso, el bondi estaba detenido el chofer a mi lado y mirando también la pequeña pantalla. Dijo -Lo entiendo pero debemos continuar.
No recuerdo en que parada baje, no recuerdo cuanto tiempo quede con esa pregunta dándome vueltas.
Ya no leo pequeñas pantallas





